Wednesday, July 23, 2008

FULCANELLI : MISTERIO RESUELTO

Uno puede pensar lo que quiera cuando lee un libro. Pero, si hay una leyenda que respalda dicha lectura, la cuestión puede volverse más preocupante.

No son pocos los que en estos tiempos que vivimos lanzan su mirada a la metafísica, esoterismo, astrología y alquimia como modelos de respuestas existenciales.

Por mi parte, durante muchos años he venido estudiando –y lo sigo haciendo – la alquimia. Tras refutar muchos temas esotéricos, místicos y religiosos, aun la alquimia perseveraba en su florido lenguaje anecdótico.

Y yo, como tantos otros, fui iniciado por un anónimo personaje que responde al seudónimo de Fulcanelli. Y , como otros muchos, creí ciegamente en que allí, justo ahí, en sus libracos, habría de encontrar alguna que otra respuesta potable.

¿Qué pensar, digo yo, cuando uno se da cuenta que también aquí hay intereses creados y todo forma parte de un tinglado más, de otro de los tantos a que nos tienen acostumbrados los “ilusionistas” de turno?

Para eso , veamos quien es verdaderamente Fulcanelli.


COMIENZA LA LEYENDA

Debo pensar que fue así. Y me atrevo a escribirlo de este modo: el mito Fulcanelli es una adaptación del personaje de fábula de Bulwer Lytton , Zanoni, que, haciéndoselo pasar como real , llega a nuestros días con fuerza arrolladora.

¿Cómo?. Me explico.

París a principios de siglo. Los años 20. Los cafés de bulevar. Allí solían reunirse un grupo de amantes del ocultismo para platicar sobre ciencias secretas y alquímicas.

Y quizá del nutrido grupo había un personaje que se destacaba con elocuencia: Jean-Julien Champagne, un notable excéntrico artista de carácter un tanto jactancioso.

Aquel hombre, que solía beber en cantidades exorbitantes, empezó a inspirar la idea de un adepto, de un misterioso y brillante hombre que conocía en persona y que estaba al borde de finalizar la llamada Gran Obra.

Sus cuarenta años, su personalidad extravagante y anacrónica (solía vestir ropa anticuada y lucir cabellos largos) sumado a sus reservas enigmáticas, lo hacían un hombre cautivante. Más aun: porque el grupo estaba integrado por jóvenes, tal como Eugéne Canseliet, de poco más de 20 años.

Todo parece indicar –cuando leemos “Fulcanelli Devoile” , de Geneviéve Dubois y “El Misterio Fulcanelli” , del crédulo Kennet Rayner Johnson - que fue precisamente en aquel grupito donde empezó a gestarse la leyenda y las primeras referencias veladas en torno al misterioso Fulcanelli.

Y todo hubiera quedado en una mera fábula, a lo sumo una simple anécdota de café, de no haber sido por los volúmenes de “Le Mystére des Cathédrales” y “Les Demeures Philosophales” aparecidos en los años siguientes.

Pero ¿Quien era Fulcanelli?.

Como digo, todo indica que el inventor de Fulcanelli fue el propio Jean Julien Champagne. Como pintor mediocre y fervoroso de la alquimia, estaba en contacto con grupos de estudios esotéricos y con editores y libreros, tal como Pierre Dujols que llevaba adelante “La Librairie de Merveilleux”.

Tras el estudio detenido de los libros de Fulcanelli, tengo la terrible sospecha que el trabajo de aquellos libros han sido obra de dos hombres. Por un lado Pierre Dujols; por otro Réne Schwaller de Lubicz.



(Dujol y Lubicz respectivamente)


Champagne, al estar en el mundillo de la alquimia, se conectó con ambos personajes a los que –según leemos en el libro de Geneviéve Dubois – les plagió, redecorando ciertos conceptos y adecuándolos a una sola pluma.

Basta leer el libro de Pierre Dujols, “Hipotiposis”, para darnos cuenta del enorme parecido de conceptos y teorías que más tarde veríamos a punto en los libros de Fulcanelli.

En efecto, Pierre Dujols ya hablaba del Kermes, el Nostoc, la Agricultura Celeste, y sobre todo, su concepto general sobre la alquimia era notablemente parecido al de Fulcanelli.

Como erudito en literatura griega, pensaba –a igual que Fulcanelli- que el francés provenía de dicha lengua helénica, gracias a lo cual, se podía interpretar mejor los manuscritos alquímicos en su lenguaje correcto.

Al parecer este hombre tenía un discípulo , Faugeron, quien continuó sus penosos trabajos de laboratorio hasta morir en la miseria total, sin culminar la Gran Obra.

Pues bien. El otro personaje que entra en escena para fecundar este mito fue René Schwaller de Lubicz, un notable estudioso que estaba profundamente interesado por la constitución de la materia y el trabajo de los átomos. Según pensaba, estas nuevas teorías atómicas pondrían en considerable peligro a la humanidad si no se hacía algo al respecto.

Es muy probable que, al estar al corriente sobre los trabajos con los átomos, haya tomado la resolución de visitar a físicos nucleares con el objetivo de disuadirlos de seguir adelante con sus proyectos.

Esto es una simple especulación mía, lo reconozco. Pero es curioso que sea Jacques Bergier quien no sólo da fama a Fulcanelli, sino que insista haberse encontrado con él en el laboratorio de la Sociedad del gas, de París, donde le habría enseñado los peligros que encierra la energía atómica. ¿Habrá sido Lubicz?


LA MUERTE IRREMEDIABLE

Champagne muere en 1932, sin lograr ni reputación ni piedra que pudiera salvarlo. Y sin embargo, era el gran amigo de Fulcanelli, aquel que llevó a los olorosos cafés franceses su leyenda.

Aun así, falleció de una terrible cangrena. Y uno se pregunta, casi sin quererlo ¿cómo puede ser que su amigo, el famoso Fulcanelli, no le haya curado y sí haya empleado su polvo de proyección para una dudosa demostración de la transmutación en oro ante un atónito Canseliet?.

La respuesta es sencilla: no existía.

Pero vayamos a unos hechos más concretos.

Empecemos por Canseliet, su discípulo amado.


(Canseliet en plena labores alquimicas)

Como digo, Champagne entró en contacto con Canseliet hasta tal punto que en sus últimas horas fue el propio discípulo quien estuvo pregonando por su salud.

Y parece que lo amaba mucho en verdad. De ello, podemos deducirlo por el cuadro que confiesa Canseliet que tiene en su casa; o por el que reproduce en su “La Alquimia explicada sobre sus textos clásicos”.

Existen referencias –que ya citaré- que mencionan que Canseliet acostumbraba llamarlo “su” maestro, a Champagne.

Lo interesante de Canseliet como alumno es que , a pesar de laborar día tras día en su obra, jamás pudo concluirla. Y uno , es cierto, sospecha. ¿Si era alumno de Fulcanelli, quien se presume consumó la Gran Obra, cómo es posible que no haya podido lograrla su discípulo?.

Más aun: luego de 50 años, llegó sólo al tercer estadio. Y no pudo avanzar. Y pese a que – según dice el propio Canseliet – se encontró con su maestro en fechas muy posteriores a la muerte de Champagne - donde, incluso, lo pudo contemplar mucho más joven y con rostro de mujer (?) - no salió del atolladero de la Obra. Mnnn.

Creo, particularmente, que Canseliet no logró la Obra por la sencilla razón de que no tuvo tal maestro y , al tener que recurrir al galimatías de otros textos antiguos, se topó con la verdad: su imposible desciframiento.

Unos dirán que no pudo llegar a buen término porque no poseía las capacidades espirituales requeridas. Y yo digo, que leí un poco a los alquimistas más populares, entre ellos, Filaleteo, Limojon Saint Didier, Flamel, Basilio Valentin, Cosmopolita, Cyliani, Artephius, Pontano, Fulcanelli, Roger Bacon, John Dee, Ramon Lull, Arnaldo Vilanova, etc, que tal preparación espiritual es una falacia.

Y podría ahora mismo explicarme, pero eso me haría alejarme del propósito de estas líneas. Sólo puedo decir algo. Por un momento –y sólo por un instante – hagámonos a la idea de que la alquimia operativa es un hecho aun no demostrado por la ciencia. ¿Qué es lo que propugnan todos los “Filósofos del Fuego”?.

Básicamente esto: que no debe explicarse detalladamente su secreto porque eso pondría en igual posición a sabios e ignorantes. Es decir, que la “receta” está disponible para cualquiera. Claro, cualquiera que resuelva los crípticos tratados antiguos.

Entonces, si el vecino y yo podemos poner manos a la Gran Obra ¿ adonde queda aquello de la alta moral o el elevado grado espiritual?.

Quizá en las transmutaciones que dicen que fueron hechas en la historia. Como las del Cosmopolita. Porque, una vez más, considerando como plausible dichas transmutaciones, ¿no demuestran acaso un elevado egocentrismo en los alquimistas, deseosos de ganar buenos dividendos y llevar sus nombres a los pueblos?

No puedo dejar de pensar en cabezas cortadas y en agudas torturas con tal de robar el secreto. El precio de la vanidad humana.

La misma que llevó a Champagne a “fabricar” a Fulcanelli, seguramente estimulado por la moda esotérica reinante y libros como los de Butwler Lytton que cautivaban la imaginación (casualmente en Zanoni vemos un retrato fiel de cómo es y debe ser un alquimista, alejado de los dramas humanos, con visiones superiores y con dones que lo hacían inmortal, casi lo mismo que propugnaba Canseliet en los prólogos a la obra Fulcanelli)

Como refiere Rubellus Petrinus, viejo alquimista amigo y uno de los pocos que hablan abiertamente de sus experiencias:

“ Champagne dedicó años en construir la idea del Adepto: él mismo la había creado y la idea fue mantenida por todo el grupo que le rodeaba , y que debía promover el mito: Gaston Sauvage, Les Charconac, Pierre Dujols, Canseliet, Julles Boucher. Ellos serán los miembros de la misteriosa Fraternidad de Héliopolis (FHC).”

Pero sigamos con Canseliet.

Una de las mejores investigaciones en torno al enigma de Fulcanelli fue la que llevó a cabo Robert Ambelain.

Aquel joven de 29 años se había inspirado tanto en las lecturas de Fulcanelli que decidió escribir un libro al respecto.

En su Dans L´Ombre des Cathédrales escribía:

“ A la memoria de Fulcanelli, artesano de la gran Obra y Filosofo del Fuego, dedicamos este imperfecto y tosco ensayo de esoterismo hermético”

Huelga decirlo, lo admiraba. Y creía –como muchos- que detrás del nombre se escondía un hombre sabio y erudito, poseedor del Elixir o panacea universal.

Ciertamente empezó a desencantarse tras el encuentro con el primer editor de Fulcanelli, Jean Schemit. Precisaba pedir permiso para reproducir una ilustración y , como digo, no se le ocurrió mejor idea que visitar al editor de la obra fulcanelliana.

Y dice Ambelian, Schemit le confesó que en 1926 había recibido una extraña visita de un hombre bajito, de bigote excéntrico que le habló sobre la arquitectura y las claves ocultas que velaban las catedrales. Habló del lenguaje de los iniciados y todo un cúmulo de conocimientos que al parecer sabía muy bien señalar en los monumentos.

A las semanas, el editor recibe la visita de Canseliet, cargando su voluminoso manuscrito que se transformaría en “Le Mystére des Cathédrales”. De inmediato se dio cuenta que versaba de lo mismo que le había referido su extraño visitante días atrás.

Pero fue en el momento en que Canseliet llegó junto a Champagne que el misterio se reveló. Se traba del mismo personaje enigmático que lo había visitado.

Es más: Schemit, según Ambelain, notó de inmediato el respeto casi venerable que le tenia Canseliet, quien lo llamaba “maestro” en todo momento.

Y dijo:

“ Nunca se habló de que Fulcanelli fuese una persona real de este nombre o un misterioso personaje oculto detrás de este nombre. Nadie habló de ello , y era siempre Champagne quien juzgaba, elegía y decidía. Por está razón estoy convencido de que Champagne y Fulcanelli eran la misma persona”

Y por si hubiera dudas.

La propia portera de la Rue de Rochechouart, donde vivía Champagne y Canseliet (en habitaciones contiguas), declaró haber oído a Canseliet que a menudo le llamaba “maestro” y “mi maestro”.

¿Recuerdan la enigmática firma que pululó por todo el orbe y que simplemente decía “AHS Fulcanelli”?

Pues fue dedicada de puño y letra por el misterioso alquimista a Jules Boucher.

Y vaya cosa. Se descubrió, tras someterla a análisis, que era la misma caligrafía de Champagne. Y no sólo eso. Según demostró Ambelain, en el cementerio de Arnouvilles-les-Gonesses figuran las mismas iniciales.

AQUÍ DESCANSA JEAN JULIEN CHAMPAGNE
APOSTOLICUS HERMETICAE SCIENTIAE
1877-1932

Es obvio que una personalidad tan vanidosa no podía dejar de hacerlo. Y debía mostrar finalmente su “hilo de Ariadna”.

Porque ¿saben qué significa FULCANELLI?

Es el anagrama de “L´Écu Final” (El escudo Final).

Y casualmente en la primera edición de “Le Mystére des Cathédrales”, en la última página aparece un escudo o emblema con una leyenda que dice:

UBER CAMPA AGNA

Y Champagne se llamaba Jean Julian Hubert Champagne, tomando el segundo nombre de su padre. Y dando por supuesto que quien leyera Fulcanelli se familiarizaría con el lenguaje fonético, según la tradición cabalística, aquellas palabras tiene el mismo sonido, y una es indicativa de la otra.

HUBER CHAMPAGNE

Fin del Misterio.




CONCLUSION


No me queda dudas de quién fue Fulcanelli. Sí, el mismo que veis en esta reproducción pintada por su amado discípulo, Canseliet.

Y aunque fue un precoz apasionado por la alquimia desde joven, no estaba a la altura de los libros por los que cobraría popularidad el alquimista. Libros que –luego de leer y releer al respecto – son de autoría de Pierre Dujols y de René de Lubicz, pulidos por la mano de Champagne.

Y, creo yo, todos formaron parte de un inmenso tinglado que predispuso a aquella época – y ahora en estos días - hacia lo arcano y milagroso. Dos hombres lo escribieron. Otro dos propugnaron la leyenda. O deberíamos decir tres: Jacques Bergier, Canseliet, y Champagne.

Qué injusto, verdad. Tanto hablaron, tanto trabajaron, pero ninguno logró consumar aquello que tantas hojas y hojas demandó. Uno puede estar toda una vida persiguiendo una ilusión y al final darse cuenta que era eso: una ilusión. Lo lamentable es que muchos finalizan sus vidas sin darse cuenta.

Champagne fue un hombre que durante toda su vida buscó la famosa Panacea universal, pero, al percibir su inminente fin –y viendo que no llegaba a nada concreto- decidió , cuando menos, perpetuar un misterio que no existe. De paso, sus mediocres dibujos pasaron a ser populares y valió de algo tanto empeño que puso en la pintura.

Este es el retrato de un hombre fracasado, dolido, y que terminó mullido en su cama mientras la muerte lo devoraba minuto a minuto.

El problema surge cuando ahora creemos que aquellos libros eruditos pueden llevarnos a la verdad a través de la experiencia.

Y no dudo que contengan grandes verdades. Pero seguramente aquella que buscamos está en otro lado, en otro ámbito: la naturaleza.

Después de repasar esta historia cómo fue en realidad, ¿qué podemos pensar sobre otros alquimistas que existieron en la historia y cuyos tratados antiguos hoy leemos?.

Seguramente dos cosas:

Que el hombre siempre tuvo fantasías espirituales. Y que , cueste lo que cueste, quiere trascender esta vida, y vivir ilimitadamente.

Fulcanelli, la formación de un mito; una leyenda que hoy , al menos para mi, termina por fin olvidada en el cajón.



S.Jarré

1 comment:

Anonymous said...

Felicitaciones por su interés en la Alquimia Interior

En esta era de Acuario un Adepto está develando
todas las Claves alquímicas que han permanecido
ocultas durante la Era de Piscis.

Recibe la invitación para visitar
http://www.adeptovitriol.esforos.com/

Saludos cordiales de
Rosemunde y Fragarí