COMO DESCUBRIR EL CAMINO EN ALQUIMIA

Parecería ser algo complicado encontrar una respuesta a este dilema que nos sumerge a todos más tarde o más temprano. Si no es la vía seca, preferimos la vía humeda, y sino, la vía de las amalgamas o la de Roger Caro y su cinabrio bendito.

Lo cierto es que, leyendo tratados y experiencias de otros hermanos, hemos ido con mucha humildad descubriendo cual es la clave para saber qué camino seguir. Tras ver los éxitos pocos fructuosos en las vías humedas tradicionales y la vía seca, llegamos a la conclusión de que toda vía que utilice elementos minerales tóxicos, no conduce a un buen asidero.

Conocimos hermanos que han sufrido gravemente no sólo una perdida économica de sus bienes, sino de su salud fisica al exponerse a dichos tóxicos. La idea de usar antimonio (veáse foto de regulo antimonial aqui al lado) como elemento clave de la obra es sugerida por ciertos quimicos en el siglo pasado y ha sido rechazada innumerables veces por ser considerado obtusa. No obstante, muchos creen que ahí está su camino.

El origen de la idea del Antimonio data del siglo 16 y principios del 17 precisamente. Antes de estas fechas casi ningún tratado lo menciona como elemento para la Obra o bien lo mencionan pero como un sendero falso para los no iniciados.

Al respecto, un hermano nuestro (Juan) refiere:

“¿De donde sale, pues, esta obsesión con el antimonio que se ve tanto en la literatura del siglo 17? A finales del siglo 16 y principios del 17 se publican dos obras que serán clave para desatar esta falsa idea de que los secretos de la alquimia yacen en esta sustancia, y no por la intención de sus autores originales, sino por culpa de las extrañas ideas e interpretaciones de un tercer autor. Estos dos libros son:

1- Los Secretos del Antimonio, de Alexander von Suchten
2- El Carro Triunfal del Antimonio, atribuido, al igual que varias otras obras, a un tal "Basilio Valentin" (seudónimo)


Sin embargo estas dos obras, las primeras en concentrarse sobre esta sustancia, no pretenden en ningún sitio que la Piedra Filosofal se pueda manufacturar con el antimonio.

Von Suchten, por su parte, no dice nada sobre manufacturar "tinturas", ni mucho menos la Piedra, con el antimonio vulgar y su régulo (i.e. la estibina y el antimonio metálico.) Su intención es la síntesis directa de metales, tanto preciosos (plata, oro) como base (plomo, estaño, cobre, etc.) Después de una serie de experimentos con el mercurio destilado a partir de amalgamas antimoniales de plata, Suchten llega a la conclusión de que, exceptuando tan solo un proceso que el cree que da una pequeña cantidad de oro (*), no se produjo ningún metal artificial por ninguna de estas manipulaciones. Suchten, pues, termina su tratado rechazando practicamente todas estas manipulaciones con el antimonio vulgar.

Basilio Valentin, por su parte, pretende que del antimonio se pueden hacer "tinturas particulares" , pero no la Piedra. Esto creo que no hace falta decirlo con mas detalle ya que la mayoría de aficionados a la alquimia de hoy en día conocen este tratado y lo han leído, al contrario que el de von Suchten, que parece haber caído mas o menos en el olvido, aunque en el siglo 17 era muy popular.

Ahora bien, si estos dos autores en ningún lado dicen que la Piedra se puede hacer con la estibina o su régulo, ¿de donde sale la obsesión con esta sustancia en el siglo 17? La respuesta: George Starkey. Recientemente varios de sus cuadernos de notas de laboratorio han sido publicados por Lawrence M. Principe y William R. Newman.

En ellos se puede ver fácilmente que este "chimico" conocía la obra de Suchten, pero al parecer no la entendió bien, porque cree que la destilación de las amalgamas antimoniales es la "clave" para obtener el "mercurio filosófico" para hacer la Piedra, a pesar de que Suchten no dice nada por el estilo. Pero si sus cuadernos de notas de laboratorio no fueron nunca publicados hasta hace poco, ¿cómo puede ser posible que él sea el principal responsable de difundir tales ideas y especulaciones? La respuesta es un poco compleja, y la podríamos resumir en dos puntos:

1- Según Newman y Principe, Starkey es el verdadero autor de las obras del tal "Ireneo Filaleteo". Escribiendo bajo dicho seudónimo, Starkey difundió sus ideas antimoniales entre los aficionados a la alquimia del siglo 17.
2- Starkey estaba en contacto, directo o indirecto, con importantes autores científicos de la época, como Robert Boyle e Isaac Newton, ambos aficionados a la investigación alquímica.


No voy a entrar en una discusión sobre el primer punto, ya que es un poco complicado y la evidencia que Newman ha presentado en favor de la teoría de que Starkey es "Ireneo Filaleteo" es muy incriminante, pero no 100% definitiva. A todos los interesados en este tema les recomiendo que lean los dos siguientes artículos de William R. Newman:

1- The Authorship of the Introitus Apertus ad Occlusum Regis Palatium (en Alchemy Revisited, Leiden, 1990. Páginas 139-44. )
2- Prophecy and Alchemy: the origin of Eirenaeus Philalethes (en Ambix, Vol. 37, Parte 3, Noviembre 1990. Páginas 97-115.)


El otro punto, sin embargo, es indiscutible. Starkey era amigo personal de Robert Boyle, y este a su vez conocía a Isaac Newton, por no mencionar a otros famosos personajes de aquellos tiempos. Fue Starkey el que introdujo a Boyle en la temática alquímica, y por varios años Boyle, influenciado por Starkey y sus (erróneas) ideas, perdió grandes cantidades de tiempo (y de dinero) con todos estos experimentos antimoniales. Lo mismo se puede decir de Newton. Ninguno, incluyendo al propio Starkey, cuyos cuadernos de laboratorio no enseñan más que fracaso tras fracaso, vio jamás ninguna "tintura", ni mucho menos la Piedra, salir de semejantes experimentos. Estas ideas sobre el antimonio llegaron a estar muy difundidas en la segunda mitad del siglo 17, tanto así que en la primera década del siglo 18 el químico inglés, George Wilson, en el apéndice a la tercera edición de su "Curso de Química", dedicado al tema de la transmutación de los metales, relata, entre otros, sus experimentos sobre este asunto del mercurio destilado de las amalgamas con el régulo estrellado de antimonio. No hace falta decir que cosechó el mismo fracaso que todos los que se han entretenido con semejantes ideas.

En definitiva, la supuesta "vía" del antimonio no es ninguna cosa por el estilo. Se trata simplemente de una especulación de Starkey, que fue aceptada de manera poco crítica por muchos investigadores como si de una especie de "verdad" confirmada se tratara."

Sumamente esclarecedor en su exposición, nosotros creemos firmemente que está idea fue extendida en demasia y muchos que siguen los entretejidos antimoniales están condenados al fracaso y la desilusión.

En lo personal conocimos un alquimista que logró la Piedra a través del proceso de la vía de las amalgamas antimoniales , usando la manteca de antimonio. El resultado era una sustancia en todo parecida a la piedra filosofal, (caracteristicas, color, peso, estructura) pero que, pese a comportarse como la piedra no transmutaba y no era una medicina. Lo peor: era un elemento altamente tóxico.

Nuestro amigo nos confesó estas palabras:

Luego de años y años de buscar la piedra utilizando el Antimonio, he llegado a la penosa conclusión de que el último gran engaño, la última gran mentira de todos los alquimistas ha sido enseñarnos ese sendero. He obtenido la piedra por ese proceso, coincidiendo con lo que relatan los tratados, tengo un elemento que se comporta extraño a la naturaleza, pero sólo eso, he dado con eso, no hay transmutación, ni hay medicina, por el contrario, es un elemento altamente tóxico lo que he obtenido”.

Y desde luego que si se usan materiales o minerales tóxicos como cinabrio, antimonio, el resultado habrá de ser tóxico. La idea Basilintesca de que con un veneno se pude hacer una gran medicina no se ajusta a una verdad sino una suposición errónea.

Por otro lado, hemos visto personas que siguieron la vía del Cinabrio, y al preparar el mercurio en retiradas oportunidades se han visto afectados en sus pulmones por las emanaciones mercuriales, viviendo hoy día con un tanque de oxigeno por donde vayan. En lugar de obtener la salud ilimitada, como promulgan algunos tratados, han obtenido una pésima salud. No vamos a citar los casos de accidentes graves al explotar un horno o escapar ácidos y preparaciones de potasa. Sólo podemos decir que la Piedra es un regalo de Dios, y no creemos que Dios se complique en sus regalos.

Es la mente humana, siempre rebuscada, la que crea formulas extrañas y ligadas con peligrosidad para llegar a un fin. La mente humana cree, en el fondo, que si algo no cuesta lo suficiente no se puede lograr. La realidad es que lo sencillo se logra siempre que sepamos el camino correcto.

Muchos están encantados con la idea de un largo y penoso camino de experimentación, de latigos contra espaldas, y de trabajos de Hercules tediosos para lograr arrimarse al secreto. Si algo es ajeno a esto, coinciden muchos, no es un camino.

Muy por el contrario, debemos decir que justamente el camino es aquel que , en casi todos los buenos tratados es descripto. A saber:

1. Que la Obra es una tarea de niños o mujeres.
2. Que es sencilla de hacer y que requiere pocos gastos.
3. Que una materia, y sólo una, basta para comenzar y terminarla.


Y son esos mismos tratados que hablan así de la Alquimia los que, muchas veces, se ponen a hablar de Antimonio, Cinabrio, y muchos materiales más contradiciendo de forma clara estos preceptos. Pues por algo lo hacen. Porque al camino siempre hay que dejarle algo de espinas para que no se descubra de forma sencilla.

En nuestra más humilde opinión podemos dar fe de que si no se abre las puertas de la naturaleza no se puede lograr nada. Y a pesar que muchos consideren mezclas de sales, antimonio, cinabrio, mercurio, azufre, etc para lograrlo, esas son quimiquerias. Mezclar aquí y allá no deja de ser algo quimico por donde se lo vea. Para abrir las puertas de la naturaleza sólo conocemos una forma: a través de la muerte, representada por la putrefacción.

Cristiano

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